Una noche, a inicios del siglo pasado, un
personaje de ultratumba apareció en las calles de Riobamba. Quienes lo
miraron se quedaron mudos de espanto. Era un jinete sin cabeza. Todos
los habitantes de la ciudad se guardaban muy temprano para huir de la
mala visión, pero nunca faltan los valerosos que lograron descubrir lo
que escondía detrás del fantasma.
El 4 de febrero de 1797, un terremoto
destruyó gran parte de la zona central del Ecuador. Se cuenta que antes
del desastre se produjeron hechos misteriosos, como el que les contamos a
continuación.
En la plaza central de la villa de Riobamba
se levantaba la escultura de un niño tejedor (agualongo en quichua). Se
dice que un día antes del pavoroso terremoto, hacía un insoportable
calor, y muchos se concentraron en la plaza para descansar. En esos
momentos miraron asombrados cómo la escultura de piedra giraba sobre su
propio eje.
Los testigos regresaron a sus casas
profundamente contrariados, sin imaginar que al día siguiente Riobamba
desaparecería y que por eso, el Agualongo quiso verla por última vez.

Una misteriosa puerta abre el camino hacia la ciudad dentro del Chimborazo.
Hace muchos años, en el tiempo de las grandes
haciendas, había gente dedicada al servicio de la casa y de las
tierras. Los vaqueros eran los hombres dedicados a cuidar a los toros de
lidia que eran criados en las faldas del volcán Chimborazo.
Juan, uno de los vaqueros, se había criado
desde muy pequeño en la hacienda. Recibió techo y trabajo, pero así
mismo, los maltratos del mayordomo y del dueño.
Una mañana que cumplía su labor, los toros
desaparecieron misteriosamente. Juan se desesperó porque sabía que el
castigo sería terrible. Vagó horas y horas por el frío páramo, pero no
encontró a los toros.
Totalmente abatido, se sentó junto a una gran piedra negra y se echó a llorar imaginando los latigazos que recibiría.
De pronto, en medio de la soledad más increíble del mundo, apareció un hombre muy alto y blanco, que le habló con dulzura:
- ¿Por qué lloras hijito?
- Se me han perdido unos toros –respondió Juan- después de reponerse del susto.
- No te preocupes, yo me los llevé –dijo el hombre- vamos que te los voy a devolver.
Juan se puso de pie dispuesto a caminar, pero el hombre sonriendo tocó un lado de la piedra, y ésta se retiró ante sus ojos.
- Sígueme –le ordenó.
Aquella roca realmente era la entrada a una
gran cueva. Sin saber realmente cómo, Juan estuvo de pronto en medio de
una hermosa ciudad escondida dentro de la montaña.
El vaquero miró construcciones que brillaban
como si estuvieran hechas de hielo. La gente era alegre y disfrutaba de
la lidia de toros.
El hombre alto le entregó los animales, le
dio de comer frutas exquisitas, y como una forma de compensación le
regaló unas mazorcas de maíz.
De la misma forma extraña en la que había llegado, pronto estuvo en el páramo, con los toros y las mazorcas.
Al llegar a la hacienda todos se burlaron de
él por lo que consideraban una influencia del alcohol. Decepcionado,
pero a la vez tranquilo por haberse librado de la paliza, Juan fue a su
casa y sacó las mazorcas. Para su sorpresa eran de oro macizo.
Con este tesoro, el vaquero se compró una hacienda propia y se alejó para siempre del lugar donde le habían maltratado tanto.
Desde entonces, los campesinos y los turistas tratan desesperadamente de buscar la entrada a la ciudad del Chimborazo

Hermosas leyendas de mi Ecuador....!!!
ResponderEliminarque interesante estas leyendas :]
ResponderEliminarque linda esta la leyenda :P
ResponderEliminartu historia esta muy bonita ,, contienes cosas lindas karen :)
ResponderEliminargenial historia :) tiene un lindo contenido :)
ResponderEliminartus historias me dan un poco de miedo...
ResponderEliminarmuy buena todas las leyendas.
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